Wecolors nace en 2010 de la mano de Albert Maymó y May Ogalla con una idea muy clara: hacer accesible la cosmética de color sin renunciar a la calidad. Nuestra misión es democratizar la belleza. Queremos que cualquier persona, independientemente de su contexto, pueda acceder a productos de altísima calidad a un precio justo.
1.Nombre, cargo y empresa
Arturo Escartí, CEO en Wecolors.
2.Háblanos sobre la empresa en la que trabajas. ¿Cuál es su historia?
Wecolors nace en 2010 de la mano de Albert Maymó y May Ogalla con una idea muy clara: hacer accesible la cosmética de color sin renunciar a la calidad. Desde el inicio, nos hemos enfocado en el desarrollo, fabricación y comercialización de maquillaje, pero siempre con una ambición que va más allá del producto.
Nuestra misión es democratizar la belleza. Queremos que cualquier persona, independientemente de su contexto, pueda acceder a productos de altísima calidad a un precio justo. Y lo hacemos combinando dos pilares que para nosotros son innegociables: innovación constante y excelencia en cada detalle.
Al final, no se trata solo de maquillaje. Se trata de generar ilusión, de crear algo que conecte con las personas.
3.¿Qué implica tú día a día en la empresa?
Mi día a día es intenso, muy dinámico, y eso es precisamente lo que me apasiona. Estoy muy involucrado en todo el proceso: desde el desarrollo del producto hasta la fabricación, pasando por la relación con el cliente.
Necesito tener una visión global de lo que ocurre, pero también bajar al detalle cuando hace falta. Porque es ahí donde realmente se construyen las decisiones estratégicas.
Mi gran objetivo —y también mi motor— es hacer crecer la compañía y llevarla a convertirse en un referente global en el sector cosmético. Y eso requiere estar muy presente, muy conectado con el negocio y con las personas.
4.Volviendo a ti. ¿Cómo aterrizas en el sector de la belleza?
Mi formación es técnica, pero siempre he tenido una curiosidad muy fuerte por entender cómo funcionan las organizaciones y cómo se construyen proyectos sólidos. Por eso he apostado por una formación muy transversal.
Venía del sector del transporte en Valencia, y cuando surgió la oportunidad de venir a Barcelona y entrar en este proyecto, decidí apostar por ello. Fue una decisión valiente, pero también muy natural.
Y hoy puedo decir que estoy completamente enganchado a este sector. Es un mundo muy vivo, muy creativo, pero también muy exigente. Y esa combinación es difícil de encontrar.
5.Hablando de ‘belleza’, ¿Cómo la definirías?
Para mí, la belleza ha dejado de ser un estándar para convertirse en una forma de expresión.
Ya no hablamos de perfección, sino de identidad. De cómo cada persona decide mostrarse al mundo, de cómo se siente consigo misma. La belleza es una herramienta para reforzar esa identidad, para comunicar quién eres sin necesidad de palabras.
Y desde nuestro lado, poder crear productos que acompañen ese proceso, que generen ilusión y conexión real con las personas… es, sin duda, una de las cosas más potentes de este sector.
6.¿Algún hobby, superpoder o pasión escondida que quieras compartir?
Soy una persona muy inquieta. Necesito estar en movimiento, aprender, explorar cosas nuevas… Me motivan mucho los retos y salir de la zona de confort.
A nivel personal, me encanta esquiar —es uno de esos momentos en los que realmente desconecto—, y por supuesto pasar tiempo con amigos y familia, que al final es lo que te equilibra.
Y si hay algo que me define es que difícilmente digo que no a una nueva experiencia o a un viaje. Creo mucho en vivir con intensidad.
7.¿Cuál es el último libro que has leído o película que has visto?
He leído Management Humanista, de Xavier Marcet. Es un libro que me ha resonado mucho.
Habla de liderar poniendo a las personas en el centro, pero sin confundirlo con falta de exigencia. Y eso es algo en lo que creo profundamente: puedes —y debes— aspirar a resultados, pero nunca a costa de las personas.
Para mí, el verdadero liderazgo está en encontrar ese equilibrio: exigencia con humanidad.
8.Los negocios se basan en…
Para mí, los negocios se construyen sobre dos pilares fundamentales: confianza e ilusión.
Confianza en el proyecto, en el equipo, en las relaciones que construyes con clientes y accionistas. Y una ilusión constante por crear algo que tenga sentido a largo plazo.
Intento que la transparencia sea la base de todas nuestras relaciones. Y, al mismo tiempo, mantener una cultura de mejora continua, de inconformismo sano. Porque al final, avanzar cada día, aunque sea un poco, es lo que marca la diferencia.
