Conoce más sobre Begoña Maria Bosch Canals y UIC Barcelona

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Entrevistamos a Begoña Maria Bosch Canals, Directora del Departamento de Bioingeniería en UIC Barcelona.

Con una sólida trayectoria académica y científica, Begoña Maria Bosch CanalsDirectora del Departamento de Bioingeniería en UIC Barcelona, lidera un área pionera que combina la investigación, la docencia y la innovación tecnológica aplicada a la salud y la cosmética. Desde el desarrollo de biomateriales regenerativos hasta la creación del Máster en Cosmetic Science & Engineering, su labor impulsa la conexión entre ciencia, sostenibilidad y bienestar, formando a las nuevas generaciones de profesionales que transformarán el futuro del sector beauty.

Nombre, cargo y empresa:

Begoña Maria Bosch Canals, Directora del Departamento de Bioingeniería en UIC Barcelona

Háblanos sobre la empresa en la que trabajas. ¿Cuál es su historia?

UIC Barcelona es una universidad que acoge a más de 8.000 estudiantes y ofrece 16 grados, 30 dobles titulaciones internacionales y una amplia oferta de másteres, postgrados y cursos de formación continua. Desde 1997, en UIC Barcelona combinamos el rigor académico con una vida universitaria enriquecedora y una experiencia personal transformadora.

El Departamento de Bioingeniería cuenta con un Grado en Bioingeniería —único en España— y dos másteres: el Máster Universitario en Bioingeniería Aplicada a la Salud Humana y el Máster en Cosmetic Science & Engineering. Además, trabajamos estrechamente con el Bioengineering Barcelona Institute of Technology (BIT), nuestro grupo de investigación en Biomateriales para la Regeneración Tisular, que desarrolla biomateriales y dispositivos capaces de estimular los procesos de regeneración del tejido, imitando las fases naturales de reparación mediante el uso de andamios, moléculas y células.

¿Qué implica tú día a día en la empresa?

Cada día es un nuevo reto y una oportunidad para aprender algo diferente. Mi trabajo combina la gestión académica, la coordinación de programas formativos y la investigación.

Como investigadora, también implica encontrar soluciones a nuevos retos tecnológicos, especialmente en el ámbito de la ingeniería de tejidos y la medicina regenerativa, donde la ciencia y la creatividad se unen para mejorar la salud y el bienestar de las personas.

Pero, sobre todo, mi mayor motivación es enseñar y transmitir entusiasmo a los jóvenes. Me inspira poder contribuir a cambiar el mundo desde la vertiente científica y educativa, impulsando a las nuevas generaciones de ingenieros y científicos a pensar de forma creativa, sostenible e innovadora.

¿Qué valor diferencial aportáis?

En nuestro departamento buscamos integrar la investigación más puntera con la docencia, transformando cada avance científico en conocimiento aplicado. Una parte esencial de nuestra investigación se centra en el desarrollo de nuevos biomateriales, sistemas de liberación controlada de activos y soluciones sostenibles para la industria cosmética y biomédica. Este enfoque nos permite transferir innovación real al sector, aportando tecnologías que combinan eficacia, seguridad y respeto por el medio ambiente.

Además, UIC Barcelona tiene un tamaño ideal: somos una universidad internacional y cercana, con múltiples colaboraciones con empresas y centros de investigación nacionales e internacionales, pero donde aún se mantiene un trato próximo entre profesores, alumnos y personal.

En el caso del Grado en Bioingeniería, somos el único programa universitario en España que combina ingeniería, biología y tecnología con un enfoque aplicado a la salud, la cosmética y la sostenibilidad, formando perfiles altamente cualificados capaces de conectar la ciencia con las necesidades reales del mercado.

¿Qué retos crees que afrontáis en los próximos años?

Vivimos un momento en el que la sociedad exige nuevas soluciones sostenibles, tal y como marcan los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Desde la bioingeniería trabajamos precisamente en esa dirección: desarrollar materiales, tecnologías y procesos más respetuosos con el medio ambiente.

En el campo de la cosmética, esto se traduce en nuevas formulaciones sostenibles, envases biodegradables o activos más eficientes. En el ámbito de la salud, buscamos materiales regenerativos y dispositivos biomédicos que mejoren la calidad de vida de los pacientes. El reto es seguir innovando, pero siempre desde la ética, la sostenibilidad y el impacto social.

¿Qué os aporta formar parte del Beauty Cluster como entidad y a ti como profesional?

Formar parte del Beauty Cluster nos permite estar en contacto directo con toda la cadena de valor del sector cosmético —desde la formulación hasta el packaging y la innovación tecnológica—, lo que resulta fundamental para una universidad como la nuestra.
Como entidad, nos aporta una visión real del mercado y de las tendencias emergentes, permitiéndonos orientar tanto la docencia como la investigación hacia las necesidades actuales y futuras del sector. Además, nos ofrece un entorno ideal para establecer colaboraciones con empresas interesadas en desarrollar nuevos materiales, tecnologías sostenibles o sistemas avanzados de liberación de activos.

A nivel personal, formar parte del Beauty Cluster es una fuente constante de aprendizaje e inspiración. Me permite compartir conocimiento, descubrir nuevas perspectivas y conectar con profesionales que comparten la misma pasión por la innovación, la ciencia y la sostenibilidad en cosmética. Es una comunidad dinámica que impulsa el crecimiento conjunto entre el ámbito académico y el industrial, algo que considero esencial para avanzar.

Volviendo a ti. ¿Cómo aterrizas en el sector de la belleza?

Mi formación de base es en Farmacia, y posteriormente realicé el doctorado en Bioingeniería, centrado en el desarrollo de biomateriales para la regeneración de tejidos. A partir de esta experiencia, y teniendo en cuenta que la piel es el órgano más extenso y expuesto de nuestro cuerpo, vimos una oportunidad natural de aplicar nuestro conocimiento en materiales regenerativos al ámbito cutáneo.

Desde el departamento decidimos desarrollar biomateriales orientados a la regeneración de la piel, lo que nos llevó a crear un producto cosmético innovador, actualmente protegido mediante patente.

Este proyecto marcó el inicio de nuestra relación con el sector de la belleza y nos inspiró para lanzar el Máster en Cosmetic Science, que ya cuenta con dos ediciones y que combina ciencia, innovación y sostenibilidad para formar a los futuros profesionales del sector.

Hablando de ‘belleza’, ¿Cómo la definirías?

Para mí, la belleza va mucho más allá del aspecto físico. Una persona bella es aquella que posee virtudes, equilibrio interior y pasión por lo que hace. La belleza auténtica tiene mucho que ver con la actitud, con la manera de relacionarse con los demás y con cómo uno contribuye positivamente a su entorno.

Sin embargo, también creo que el cuidado físico forma parte del bienestar integral. Cuidarnos, sentirnos bien con nosotros mismos y mantener hábitos saludables no es solo una cuestión estética, sino también de salud y de longevidad. La ciencia y la cosmética tienen precisamente ese poder: ayudarnos a preservar la salud de la piel, a prevenir el envejecimiento prematuro y a mejorar nuestra calidad de vida.

¿Algún hobby, superpoder o pasión escondida que quieras compartir?

Toco el piano, y es algo que me apasiona porque me permite desconectar, relajarme y, de alguna forma, equilibrar la parte más científica de mi día a día con la creatividad. También me encanta jugar a pádel con mi marido y con amigos.

Pero, sin duda, mi verdadero superpoder es ser mamá de cuatro niños maravillosos, que dan sentido a todo lo que hago y me enseñan cada día el valor de la paciencia, la alegría y la curiosidad.

¿Cuál es el último libro que has leído o película que has visto?

El último libro que he leído es “El hombre en busca de sentido” de Viktor Frankl, una obra que recomiendo a todo el mundo.
En cuanto a películas, la última que he visto es “American Underdog”, que cuenta la historia real de Kurt Warner. Es una película muy inspiradora sobre la perseverancia, la fe y cómo nunca es tarde para alcanzar los sueños. También la recomiendo.

Los negocios se basan en…

…tener un buen equipo, personas en las que confíes plenamente y que compartan la misma visión y propósito que tú. Los proyectos crecen cuando hay motivación, compromiso y confianza mutua, cuando todos reman en la misma dirección y creen de verdad en lo que hacen.

Para mí, el éxito no depende solo de una buena idea o de la tecnología, sino de las personas que la hacen posible. Un equipo cohesionado, con pasión y valores compartidos, es la base sobre la que se construyen los proyectos que realmente perduran.