Hablamos con Javier M Floren, CEO de 3DforScience – Global Scientific Communications una empresa que nació con una idea bastante simple: la ciencia no debería ser difícil de entender. En esta entrevista, nos comparte cómo su empresa ha construido un modelo basado en la biotecnología limpia, la validación científica y el desarrollo a medida, con el objetivo de generar soluciones innovadoras y sostenibles. Javier nos explica que su empresa nació con una misión clara: hacer la ciencia más comprensible, no solo visualizándola, sino comunicándola de manera que sea accesible tanto para profesionales como para pacientes. En el contexto actual, donde la saturación de información es una preocupación creciente, su enfoque se centra en elevar el estándar de la comunicación científica, para que se convierta en una experiencia que conecte con el público de manera profunda y memorable.
1. Nombre, cargo y empresa
Javier M Floren, CEO de 3DforScience – Global Scientific Communications.
2. Háblanos sobre la empresa en la que trabajas. ¿Cuál es su historia?
3DforScience nació con una idea bastante simple: la ciencia no debería ser difícil de entender.
Empezamos hace más de una década explorando cómo la visualización 3D podía ayudar a explicar mejor conceptos complejos, sobre todo en salud. Pero con el tiempo nos dimos cuenta de algo más importante: no se trata solo de hacer visible la ciencia, sino de hacerla comprensible para quien realmente la necesita.
Porque al final, mejorar la vida de los pacientes no depende únicamente de descubrir nuevos fármacos, sino también de cómo se comunican. De cómo se entiende un mecanismo de acción, de cómo un médico interpreta una evidencia, o de cómo un paciente conecta con su tratamiento.
Ahí es donde vimos una oportunidad clara.
La investigación y el desarrollo generan un valor enorme, pero muchas veces ese valor se pierde en la forma en la que se cuenta.
Hoy trabajamos con compañías farmacéuticas y de life sciences en todo el mundo ayudándoles a cerrar esa brecha: transformando datos complejos en historias visuales, claras y memorables que realmente lleguen a la sociedad.
Y ahora, con la llegada de la IA y los entornos inmersivos, estamos entrando en una nueva etapa donde la comunicación científica ya no es solo algo que se entiende… sino algo que se puede experimentar.
3. ¿Qué implica tu día a día en la empresa?
Mi día a día es bastante híbrido, pero si tuviera que resumirlo, diría que está muy centrado en dos cosas: crear relaciones de valor y pensar en cómo escalar lo que hacemos.
Por un lado, dedico mucho tiempo a construir partnerships reales. No tanto relaciones transaccionales, sino colaboraciones donde ambas partes crecen. Al final, trabajamos en un sector donde la confianza y el entendimiento mutuo marcan la diferencia, y eso no se construye rápido.
Por otro, estoy muy enfocado en cómo llevamos la compañía a nuevos horizontes. Ahora mismo estamos trabajando en más de 25 países, y el reto es seguir expandiendo esa presencia sin perder la calidad ni la esencia de lo que hacemos. No se trata solo de estar en más sitios, sino de hacerlo bien.
También hay una parte importante de exploración: crear nuevas líneas de negocio, desarrollar soluciones que respondan a lo que viene , no solo a lo que ya existe, y asegurarnos de que estamos siempre cerca de las nuevas tecnologías y tendencias. IA, entornos inmersivos, nuevas formas de interacción… todo eso está redefiniendo cómo se comunica la ciencia.
Y luego está algo que no siempre se ve: pensar. Parar para entender hacia dónde va todo esto y qué papel queremos jugar nosotros ahí.
4. ¿Qué valor diferencial aportáis?
Si tuviera que resumirlo, diría tres cosas:
Primero, pensamos en términos de comprensión, no de entrega. No hacemos “materiales”, ayudamos a que algo se entienda e impacte.
Segundo, usamos lo visual como lenguaje, no como decoración. La diferencia es enorme.
Y tercero, trabajamos muy cerca de nuestros clientes. No como proveedor, sino como partner. Nos metemos en el problema con ellos y buscamos la mejor solución factible.
5. ¿Qué retos crees que afrontáis en los próximos años?
Creo que el mayor reto no es tecnológico, es de contexto.
Vivimos en un momento de saturación total. Hay más contenido que nunca, más canales, más impactos… y todo compite por segundos de atención. Estamos en una especie de intoxicación de información donde es muy difícil diferenciar lo relevante de lo superficial.
Y eso tiene una consecuencia clara: la audiencia está cansada, dispersa y, en muchos casos, desconectada.
A esto se suma otro problema que me preocupa especialmente: la falta de rigurosidad. Cada vez se generan más contenidos sin un background sólido, sin verificación real, sin un trabajo de investigación detrás. Y cuando hablamos de ciencia o de salud, eso no es un tema menor.
Entonces, el reto es doble.
Por un lado, destacar en medio del ruido, pero sin caer en la simplificación vacía o en el entretenimiento sin contenido.
Y por otro, elevar el estándar. Volver a poner el foco en la calidad, en el rigor y en construir mensajes que realmente aporten valor.
En nuestro caso, además, está el desafío de integrar nuevas tecnologías como la IA o los entornos inmersivos sin perder ese equilibrio. La tecnología puede amplificar mucho, pero también puede amplificar el ruido si no se usa bien.
Al final, nuestro papel es bastante claro: ayudar a filtrar, a dar forma y a hacer comprensible lo que realmente importa.
Porque no se trata de comunicar más.
Se trata de comunicar mejor.
6. ¿Qué os aporta formar parte del Beauty Cluster como entidad y a ti como profesional?
Para nosotros, formar parte del Beauty Cluster es sobre todo una oportunidad de aprendizaje continuo.
Estamos en un sector que se mueve muy rápido, donde las tendencias cambian constantemente y donde es fácil quedarse atrás si no estás conectado a lo que está pasando. El clúster te mantiene cerca de esa realidad.
Nos permite aprender de otros profesionales que están enfrentando retos similares desde perspectivas diferentes —marca, producto, regulación, comunicación— y eso es muy enriquecedor. Muchas veces no se trata de encontrar respuestas, sino de hacerte mejores preguntas.
También creo que aporta algo muy valioso: un ecosistema de relaciones personales. No solo networking, sino conexiones reales con gente con la que puedes compartir, colaborar y construir cosas juntos.
Al final, ahí es donde pasan las cosas interesantes. En las conversaciones, en las ideas que surgen sin buscarlo, en las sinergias que aparecen cuando hay confianza.
Y para nosotros, que trabajamos en comunicación científica, estar cerca de ese pulso del sector es clave para seguir evolucionando y aportando valor de verdad.
7. Volviendo a ti. ¿Cómo aterrizas en el sector de la belleza?
En realidad, yo vengo del mundo de los negocios y la comunicación científica.
Mi entrada en el sector belleza fue bastante natural, porque al final hablamos de lo mismo: biología, piel, mecanismos… pero contado de otra manera.
Pero en mi caso hay algo más personal. Siempre me ha interesado el cuidado personal, y desde hace años he seguido bastante de cerca la industria cosmética. Y había algo que me llamaba la atención: muchas veces el discurso estaba mucho más centrado en el marketing que en la ciencia real detrás del producto.
Y creo que ahí hay un problema… pero también una oportunidad enorme.
Porque la cosmética no debería ser solo percepción o promesa. Debería tener un trasfondo científico sólido, una evidencia clara que respalde lo que se comunica. Y cuando eso existe —que muchas veces existe— no siempre se está poniendo en valor como debería.
Ahí es donde vimos que podíamos aportar algo diferente.
Ayudar a las marcas a explicar mejor esa ciencia, a darle peso, a hacerla visible y entendible. Porque muchas veces, con los formatos tradicionales —el típico anuncio, el típico material comercial— es muy difícil transmitir la complejidad y el valor real de un producto.
Y sin esa parte, toda esa diferenciación se pierde.
Para nosotros, el reto es precisamente ese: ayudar a que la ciencia no se quede en segundo plano, sino que se convierta en el centro de la conversación.
8. Hablando de ‘belleza’, ¿Cómo la definirías?
Para mí, la belleza es la combinación de salud y confianza.
Es algo profundamente subjetivo, pero siempre parte de una base real: sentirte bien con tu piel, con tu cuerpo y con cómo te percibes.
Cuando algo cuida tu salud y, al mismo tiempo, refuerza tu confianza, ahí es donde aparece la belleza.
No es perfección, es coherencia entre cómo estás y cómo te sientes.
9. ¿Algún hobby, superpoder o pasión escondida que quieras compartir?
Soy bastante adicto a la intensidad.
Me gusta sentir que estoy vivo, ya sea escalando una montaña, haciendo kitesurf o metiéndome en un circuito con coches deportivos. Son momentos donde todo se simplifica y estás completamente presente.
Tambien , cada vez estoy más interesado en el otro lado: parar, reflexionar, tener perspectiva. Por eso últimamente leo mucho sobre estoicismo y mindfulness.
Creo que hay un equilibrio interesante ahí.
Por un lado, pequeñas dosis de adrenalina que te recuerdan que estás vivo.
Y por otro, la práctica de la gratitud, de no dar por hecho lo que tenemos.
Porque al final, la vida es un regalo… aunque a veces se nos olvide.
10. ¿Cuál es el último libro que has leído o película que has visto?
Últimamente estoy bastante enfocado en lecturas que me ayuden a tener más perspectiva.
Los últimos libros han sido El pequeño libro del estoicismo, de Jonas Salzgeber, y Tu éxito es inevitable, de Maite Issa.
Ambos, cada uno a su manera, te hacen reflexionar sobre cómo enfocar la vida, cómo gestionar lo que depende de ti y cómo mantener claridad en medio del ruido.
11. Los negocios se basan en…
En confianza.
Y la confianza no se construye con presentaciones, sino con consistencia.
Con hacer bien el trabajo, una y otra vez.
Y con ser claro, incluso cuando lo fácil sería complicarlo.
