Entrevistamos a Javier Viña, CEO de mmmico.
Empresa biotecnológica que nace para dar respuesta a una de las grandes oportunidades del sector cosmético actual: el desarrollo de ingredientes de alto valor basados en el potencial de los microorganismos.
Nombre, cargo y empresa
Javier Viña, CEO de mmmico
Háblanos sobre la empresa en la que trabajas. ¿Cuál es su historia?
mmmico surge al detectar una necesidad clara por parte de la industria cosmética y del cuidado personal: desarrollar principios activos de alto valor añadido aprovechando el enorme potencial de los microorganismos.
La empresa nace con la vocación de explorar, seleccionar y desarrollar microorganismos capaces de producir moléculas bioactivas con aplicaciones reales y medibles en la piel, poniendo el foco en el microbioma cutáneo y en soluciones basadas en ciencia sólida. mmmico se concibe como una plataforma de bioprospección y desarrollo biotecnológico orientada a transformar conocimiento microbiológico en ingredientes innovadores, eficaces y escalables para la industria de la belleza.
¿Qué implica tú día a día en la empresa?
Mi día a día es bastante híbrido. Combina estrategia, ciencia y negocio. Por un lado, trabajo muy cerca del equipo técnico definiendo líneas de investigación, criterios de cribado y viabilidad industrial de los activos. Por otro, estoy involucrado en el desarrollo de alianzas, conversaciones con potenciales partners industriales y en la definición del modelo de negocio.
También dedico bastante tiempo a traducir lenguaje científico en propuestas claras y atractivas para el mercado, algo clave cuando trabajas con innovación basada en microbiología industrial.
¿Qué valor diferencial aportáis?
Nuestro principal valor diferencial es que pensamos desde el inicio en el mercado y en la escalabilidad, no solo en el descubrimiento científico. mmmico combina bioprospección, microbiología avanzada y experiencia industrial en fermentación, lo que nos permite desarrollar ingredientes con una alta probabilidad real de llegar al mercado.
Además, trabajamos con una visión muy precisa: modular el microbioma de forma selectiva, buscando actividades concretas (por ejemplo, frente a microorganismos problemáticos de la piel) sin alterar el equilibrio global. Eso encaja muy bien con las nuevas demandas de la cosmética moderna.
¿Qué retos crees que afrontáis en los próximos años?
El principal reto es equilibrar innovación con tiempos de mercado. La biotecnología requiere rigor, validación y paciencia, mientras que el sector cosmético avanza muy rápido. Encontrar ese punto óptimo es clave.
También será importante seguir fortaleciendo alianzas estratégicas con actores del sector, tanto para codesarrollos como para validaciones y escalado, y navegar con éxito el entorno regulatorio europeo, que cada vez es más exigente pero también más alineado con soluciones biológicas.
¿Qué os aporta formar parte del Beauty Cluster como entidad y a ti como profesional?
Formar parte del Beauty Cluster nos conecta directamente con el ecosistema real de la industria cosmética: marcas, formuladores, fabricantes y otros innovadores. Para mmmico es una vía muy valiosa para contrastar ideas, detectar necesidades reales y generar colaboraciones con sentido.
A nivel personal, aporta visión de mercado, aprendizaje continuo y contacto con profesionales que entienden muy bien hacia dónde va el sector de la belleza.
Volviendo a ti. ¿Cómo aterrizas en el sector de la belleza?
Llego al sector de la belleza desde la biotecnología industrial. Mi formación y experiencia siempre han estado ligadas a la microbiología, la fermentación y el desarrollo de productos basados en microorganismos. La cosmética fue un encaje natural cuando vi el enorme potencial del microbioma cutáneo y la demanda creciente de soluciones más científicas, sostenibles y eficaces.
Hablando de ‘belleza’, ¿Cómo la definirías?
Para mí, la belleza está muy relacionada con el equilibrio. Equilibrio entre eficacia y respeto por la biología, entre innovación y sostenibilidad, entre ciencia y bienestar. En el contexto de la piel, la belleza empieza por entender y cuidar los sistemas biológicos que la hacen funcionar correctamente.
¿Algún hobby, superpoder o pasión escondida que quieras compartir?
Me apasiona aprender y conectar ideas de ámbitos muy distintos. Desde la ciencia hasta la economía o la gastronomía. Si tuviera que decir un “superpoder”, sería la capacidad de traducir conceptos complejos a algo práctico y aplicable.
¿Cuál es el último libro que has leído o película que has visto?
El último libro que he leído es El gen egoísta, de Richard Dawkins. Es una obra que, pese a haberse publicado hace décadas, sigue siendo tremendamente actual y estimulante, especialmente para quienes trabajamos con biología y sistemas complejos. Invita a reflexionar sobre la evolución, la cooperación y la competencia desde una perspectiva también muy útil para entender cómo funcionan los ecosistemas microbianos.
Los negocios se basan en…
Confianza, visión a largo plazo y en entender bien los problemas reales que quieres resolver. Sin eso, poco importa la tecnología.
