Conoce más sobre Mª Eugenia Claveria Gabarre y Beauty Manifest

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Entrevistamos a Mª Eugenia Claveria, Fundadora & CEO de Beauty Manifest

Proyecto nacido para acompañar a compañías de belleza en todo el ciclo de marca: desde la fórmula y el concepto hasta la narrativa y la identidad visual, uniendo estrategia, sensibilidad estética y resultados.

Nombre, cargo y empresa

Mª Eugenia Claveria Gabarre, orgullosa Fundadora & CEO de Beauty Manifest.

Háblanos sobre la empresa en la que trabajas. ¿Cuál es su historia?

Beauty Manifest se crea con un claro propósito: elevar a marcas de cosmética a transformarse en referentes, no solo a nivel de producto, sino también de branding y estrategia.

Es la culminación de más de 14 años de experiencia en el sector de la cosmética, trabajando en marcas y fabricantes nacionales e internacionales de diferentes tamaños y posicionamientos en el mercado. Durante ese recorrido identifiqué que, a menudo, las compañías necesitaban algo más que un buen producto o una campaña publicitaria: necesitan un aliado estratégico que uniera desarrollo de producto, marketing y branding con una visión global y que fuera capaz de trasladarlo de manera coherente a la realidad del mercado.

¿Qué implica tú día a día en la empresa?

Mi día a día es una mezcla constante de análisis, creación y toma de decisiones. No hay dos días iguales, y precisamente eso es lo que más disfruto. Cada proyecto me exige combinar la parte más racional del negocio: estrategia, rentabilidad y planificación, con la parte más emocional y creativa: la esencia de cada marca, su lenguaje visual, su storytelling o el desarrollo sensorial de un nuevo producto.

Un día puedo estar revisando formulaciones o definiendo el concepto creativo de una marca, y al siguiente, trabajando en estrategias de lanzamiento o afinando detalles de pricing y posicionamiento. Me gusta pensar que mi rol consiste en conectar esos dos mundos, la creatividad y la estrategia, para que las ideas se conviertan en marcas sólidas y con propósito.

¿Qué valor diferencial aportáis?

El valor diferencial de Beauty Manifest está en la mirada global con la que abordamos cada proyecto. Integramos conocimiento técnico, estrategia y sensibilidad estética para acompañar a las marcas en todo su proceso: desde la creación de la fórmula hasta la construcción del concepto, la narrativa y la identidad visual.

Creemos que una marca de belleza no puede edificarse solo desde el producto ni solo desde la comunicación; debe existir un equilibrio real entre ambos mundos. Por eso, cada decisión, desde el desarrollo hasta el branding, responde a una estrategia clara y coherente con el propósito de la marca.

No solo creamos cosméticos, creamos universos de marca con alma: proyectos sólidos, coherentes y emocionalmente conectados con las personas.

¿Qué retos crees que afrontáis en los próximos años?

El principal reto al que nos enfrentamos en el sector de la belleza es la velocidad del cambio. Vivimos un momento en el que las tendencias surgen, evolucionan y se disipan en cuestión de meses (a veces incluso de semanas), y eso exige a las marcas una capacidad de anticipación y adaptabilidad sin precedentes.

El consumidor actual ya no se define por un único estilo o una única necesidad, sino por su capacidad de reinventarse constantemente, influido por nuevas referencias culturales, tecnológicas y sociales. En este contexto, el desafío no es solo seguir el ritmo, sino ser capaces de prever hacia dónde se moverá el mercado y preparar a las marcas para ese escenario antes de que ocurra.

La sostenibilidad, la transparencia y la digitalización seguirán siendo tres ejes esenciales, pero lo que marcará realmente la diferencia será la agilidad estratégica: la habilidad de transformar los datos, las tendencias y las percepciones del consumidor en decisiones reales, rápidas, viables y coherentes.

Por suerte, en Beauty Manifest contamos con una estructura altamente flexible y multidisciplinar, lo que nos permite adaptarnos con rapidez a cada cliente y contexto. Nuestra forma de trabajar es ágil, colaborativa y orientada a resultados, lo que nos da la posibilidad de reaccionar, y sobre todo anticiparnos, a los cambios del mercado sin perder la esencia ni la autenticidad de las marcas que acompañamos.

En definitiva, el reto de los próximos años no será solo innovar, sino hacerlo con velocidad, propósito y coherencia, manteniendo siempre el equilibrio entre la evolución del mercado y la identidad de cada marca.

¿Qué os aporta formar parte del Beauty Cluster como entidad y a ti como profesional?

Formar parte del Beauty Cluster es, sin duda, una oportunidad de enorme valor tanto para Beauty Manifest como para mí a nivel personal. El Cluster representa una red viva de conocimiento, innovación y colaboración, donde convergen empresas, laboratorios y profesionales que comparten un mismo propósito: impulsar el crecimiento y la excelencia del sector de la belleza.

Para Beauty Manifest, pertenecer a este ecosistema significa estar conectados con las últimas tendencias, avances tecnológicos y dinámicas del mercado, lo que nos permite ofrecer a nuestros clientes una visión actualizada y estratégica. Además, nos brinda la posibilidad de colaborar en proyectos conjuntos, de participar en espacios de reflexión sobre el futuro del sector y de contribuir activamente a la evolución de la industria cosmética en España.

A nivel personal, el Beauty Cluster me aporta inspiración, aprendizaje continuo y conexión humana. Es un entorno en el que las ideas fluyen y se enriquecen gracias a la diversidad de perfiles y experiencias. Estar rodeada de profesionales con tanta pasión por la belleza es una fuente constante de motivación, y también un recordatorio de que, aunque cada empresa tenga su propio camino, todos compartimos un mismo propósito: hacer del sector de la belleza un espacio más innovador, sostenible y conectado con las personas.

Volviendo a ti. ¿Cómo aterrizas en el sector de la belleza?

Siempre digo que no “aterricé” en el sector de la belleza porque, en realidad, nunca estuve en otro lugar. Fue una decisión vocacional desde el principio. No concibo mi vida profesional fuera de este universo, porque es el que me llena, me inspira y me hace feliz. Mi trayectoria comenzó tras realizar el único máster de cosmetología que existía en ese momento, en el cual la directora de marketing y responsable de dicho máster me ofreció incorporarme a la empresa donde ella trabajaba, concretamente en el área de marketing y desarrollo de producto. Fue uno de los periodos más enriquecedores de mi carrera: cinco años trabajando codo a codo con ella y con el director técnico, un gran hombre y formulador “de la vieja escuela”, especializado en cuidado facial que me abrió la puerta al fascinante mundo de los ingredientes activos desde una perspectiva técnica y científica.

Desde entonces he tenido la oportunidad de crear y lanzar más de mil productos cosméticos, colaborando con marcas muy diversas, desde start-ups que daban sus primeros pasos hasta grandes compañías internacionales consolidadas, y profundizando en diferentes categorías, metodologías y enfoques de marca. A lo largo de los años, he complementado mi formación en marketing, investigación de mercados y dermofarmacia, sumando también experiencias más creativas, como mi formación con una maquilladora profesional rusa, que me permitió entender el producto desde la mirada del artista.

Esa combinación entre la visión técnica, el pensamiento estratégico y la sensibilidad estética ha sido el hilo conductor de mi carrera. Hoy, todo ello se refleja en Beauty Manifest, un proyecto que representa no solo mi trayectoria, sino también mi manera de entender la belleza: con propósito, coherencia y alma.

Hablando de ‘belleza’, ¿Cómo la definirías?

Para mí, la belleza es expresión y autenticidad. No se trata de cumplir con un canon estético o de seguir una tendencia, sino de encontrar aquello que nos hace únicos y sentirnos bien con ello. La verdadera belleza aparece cuando hay coherencia entre lo que somos, lo que sentimos y lo que mostramos al mundo.

En el caso de las marcas, sucede exactamente lo mismo. Una marca es bella cuando transmite verdad, cuando consigue ser honesta con su propósito, con sus valores y con la experiencia que ofrece al consumidor. No basta con tener un envase atractivo o un producto innovador; lo importante es que haya una historia y una esencia que conecten de forma auténtica con su target objetivo.

La belleza, en definitiva, no está en lo superficial, sino en la capacidad de inspirar, emocionar y crear vínculos reales. Y esa visión es la que guía nuestro trabajo en Beauty Manifest: ayudar a que las marcas no solo sean estéticamente atractivas, sino que también sean profundas, coherentes, diferentes y relevantes en la vida de las personas.

¿Algún hobby, superpoder o pasión escondida que quieras compartir?

El arte es mi gran pasión y también mi refugio, el lugar al que recurro cuando necesito inspiración y calma. Pinto y dibujo, especialmente con grafito o carboncillo, y esa faceta artística me ayuda a observar el mundo con otros ojos. Valoro profundamente el detalle y admiro la belleza hasta en sus formas más sutiles.

Esa conexión con el arte se traslada de manera natural a mi trabajo: me permite aportar una visión diferente, más sensible y atenta a la estética, pero sin perder el rigor estratégico. Creo que ahí está mi verdadero “superpoder”: buscar siempre el equilibrio entre lo racional y lo emocional, entre lo que se puede medir y lo que se puede sentir.

¿Cuál es el último libro que has leído o película que has visto?

Confieso que suelo tener varios libros empezados al mismo tiempo. Me interesa mucho todo lo relacionado con empresa, estrategia y marketing, aunque cuando busco desconectar prefiero lecturas más introspectivas. “Mente cuántica” es uno de mis libros de cabecera: siempre encuentro en él nuevas formas de conectar mente, energía e inspiración.

Los negocios se basan en…

A mi modo de verlo, los negocios se sostienen sobre tres pilares profundamente conectados: personas, confianza y propósito.

Las personas son el punto de partida: los equipos que crean y hacen posible la el crecimiento de la empresa, los partners que acompañan el camino y los consumidores que conectan con la marca y la eligen sus productos o servicios. Pero las personas solo pueden relacionarse de forma duradera si existe confianza, que es el nexo de unión que une todas las interacciones y permite construir vínculos estables y significativos.

Y cuando personas y confianza se alinean, aparece el tercer pilar: el propósito. Es lo que da dirección y sentido, lo que inspira tanto dentro como fuera de la empresa y lo que permite trascender más allá de un producto o de una cifra.

Ahora bien, una empresa no puede olvidar que su objetivo es generar beneficios. Pero en mi visión, los beneficios no son un fin aislado, sino la consecuencia de poner a las personas en el centro, construir confianza y actuar con propósito. Cuando estos tres pilares se alinean, el resultado natural es un negocio sólido, rentable y sostenible en el tiempo.