Entrevistamos a Sara Uribe, Account Executive en Devera.
Devera es una startup que está redefiniendo cómo las marcas de cosmética natural y cuidado personal entienden y gestionan su impacto ambiental. A través de tecnología y una visión práctica de la sostenibilidad, acompaña a las marcas en un momento clave de transformación del sector.
Nombre, cargo y empresa
Soy Sara Uribe, Account Executive en Devera.
Háblanos sobre la empresa en la que trabajas. ¿Cuál es su historia?
En Devera ayudamos a marcas de cosmética natural y cuidado personal a medir su impacto ambiental de forma clara, rápida y asequible. Nacimos para democratizar el Análisis de Ciclo de Vida (LCA), un proceso que suele ser técnico, lento y costoso, y convertirlo en una herramienta accesible y accionable. Nuestro motor combina IA con metodología ISO para calcular la huella de carbono por producto y ofrecer informes e indicadores listos para comunicar con transparencia y cumplir con la normativa.
¿Qué implica tu día a día en la empresa?
Estoy en contacto constante con marcas que buscan medir y mejorar su impacto. Desde las primeras llamadas hasta el cierre de acuerdos y la coordinación con nuestro equipo, mi día a día es un equilibrio entre escuchar activamente, entender retos reales y proponer soluciones que generen valor, sin humo.
¿Qué valor diferencial aportáis?
Somos el puente entre la sostenibilidad real y la necesidad de comunicar sin caer en greenwashing. Lo que nos diferencia es la conveniencia, la rapidez, el precio y nuestra capacidad de adaptarnos a las necesidades específicas del sector belleza. No vendemos una plataforma compleja ni consultoría tradicional: ofrecemos un servicio ágil, con entregables concretos, visuales y accionables que cumplen con ISO y permiten tomar decisiones basadas en datos reales.
¿Qué retos crees que afrontáis en los próximos años?
El reto está en acompañar a las marcas en un contexto donde tanto los consumidores como las regulaciones son cada vez más exigentes, sin complicar sus procesos ni agotar recursos que ya están al límite.
Venimos a educar el mercado, romper mitos y demostrar que medir el impacto no es solo una obligación, sino una oportunidad para innovar, diferenciarse y conectar mejor con un consumidor más informado.
¿Qué os aporta formar parte del Beauty Cluster como entidad y a ti como profesional?
Como empresa, nos permite estar cerca del pulso real del sector, entender sus necesidades y aportar desde lo que sabemos hacer: traducir la sostenibilidad en acciones concretas. A nivel personal, aunque acabamos de incorporarnos, lo que buscamos es tejer red, aprender de otras experiencias y contribuir con una mirada fresca y comprometida hacia una belleza más consciente, sostenible y regenerativa.
Volviendo a ti. ¿Cómo aterrizas en el sector de la belleza?
Fue muy orgánico. Siempre me ha fascinado la conexión entre la piel, la salud hormonal y la naturaleza. Con Devera, se alinearon mi perfil comercial, mi experiencia en sostenibilidad y mi amor por la belleza consciente.
Hablando de ‘belleza’, ¿Cómo la definirías?
Para mí, es cuidar lo original, de forma auténtica y natural. La belleza es armonía, y se cultiva cuando hay coherencia entre lo que pensamos, lo que hacemos, lo que consumimos y cómo habitamos el mundo. No va de perfección, sino de sentirte a gusto en tu propia piel.
¿Algún hobby, superpoder o pasión escondida que quieras compartir?
Estudio herbolaria clínica en mi tiempo libre. Me fascina entender cómo las plantas interactúan con nuestro cuerpo y mente. Creo que la salud, y la belleza, empiezan desde adentro, y que la naturaleza es nuestra gran aliada. Solo tenemos que aprender a usarla a nuestro favor.
¿Cuál es el último libro que has leído o película que has visto?
El último libro que leí fue Regenerative Business de Samantha Garcia. Me encantó porque propone una forma de construir negocios desde la vida, la conexión y el bienestar colectivo, en lugar de la lógica puramente extractiva. Es muy inspirador y tremendamente aplicable para quienes trabajamos en sostenibilidad.
Los negocios se basan en…
Confianza. Sin ella, no hay venta, no hay marca, no hay impacto. Y para construir confianza, hay que ser transparente, consistente y genuino. El resto se puede aprender.
